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Proyecto Bcoach

No más técnicas

CÓMO GESTIONAR LA FRUSTRACIÓN

La tendencia de quejarnos a los árbitros es cada vez mayor. Lo que nos hace perder la concentración durante los partidos, y en ciertos casos, nos causan técnicas y expulsiones que se transforman en puntos fáciles para el rival.

Como entrenadores, es vital aprender a gestionar nuestra frustración y la de nuestros jugadores, pero ¿cómo se lo podemos enseñar?

Primero de todo CON EL EJEMPLO, ya que si somos los primeros que nos ganamos las técnicas, no tendremos ninguna autoridad ni credibilidad. Así que…

¿Cómo debemos actuar?

Lo primero que tienen que entender los jugadores, es que que cometan errores, no significa que hayan tomado una mala decisión.

En el juego se dan muchas situaciones que no tienen una solución única o correcta, de manera que seleccionar una u otra llevará a distintos resultados.

Partiendo de esto deben aprender que siempre se cometerán errores. Si lo hacen los profesionales, ¿por qué ellos no? Así pues tenemos que jugar con la importancia que se les da a esos errores.

Relativizarlos:

Primero de todo, hay que entender que cometer un error no significa haber fracasado. Esto implica que el jugador regule sus emociones ante el error, evitando enfados, frustraciones, nervios…

Una vez conseguido esto, el jugador estará preparado para incorporar en su cabeza el hecho de analizar esos errores y buscarles solución para no cometerlos; al menos de la misma manera.

Si en vez de eso, el jugador busca excusas para justificar sus errores, no se sentirá con la obligación de cambiar nada, de manera que no progresará y seguirá cayendo en los mismos errores. En consecuencia, entrará en un círculo de frustración sin fin.

Aceptarlos:

Otra cosa muy importante, es hacerles entender que una vez cometido el error, no se puede hacer nada, por lo que es inútil obcecarse. Sin embargo, se puede trabajar para encontrar la manera de que no vuelva a ocurrir del mismo modo.

De esta manera, el jugador entenderá que quedarse quieto lamentándose mientras el juego sigue no sirve para enmendar el error.

En cambio, si conseguimos que la reacción posterior al error sea trabajar para minimizar el impacto de este, se debe considerar como un éxito.

PARTIDO VS ENTRENO

Entrenamientos:

Los entrenamientos son el sitio perfecto para practicar las estrategias de relativizar y aceptar los errores, ya que la tensión es menor que en los partidos y será más fácil aprender a gestionar las emociones ante los errores.

El concepto principal para trabajar este aspecto en los entrenamientos es ir moldeando la dificultad de tal forma que si se esfuerzan, sean capaces de conseguir alcanzar los objetivos; pero si la dificultad es tal que no pueden alcanzar los objetivos, les crearás una frustración que será contraproducente.

Por lo que lo más importante, incluso más que los conceptos que enseñes, es que aprendas a jugar con los handicaps (no solo técnicos y tácticos, también psicológicos como pueden ser errores arbitrales) durante los ejercicios con el objetivo de mantenerlos motivados mientras vas usando las estrategias mencionadas anteriormente para trabajar la frustración.

Partidos:

En los partidos, contamos con más factores externos como el árbitro, el entrenador y jugadores rivales, la afición…

Esto implica una mayor tensión para los jugadores, y menor capacidad de aprender; por lo que es muy interesante que antes de los partidos les hagamos un avance de cómo puede ir este.

Debemos advertirles de factores externos que les pueden perjudicar como los puntos fuertes que tiene el otro equipo, si su forma de jugar se puede ver perjudicada por el campo en el que jugarán… ya que si se lo esperan, disminuirán los enfados y frustraciones.

Por otro lado, como entrenadores debemos ser conscientes de qué hemos entrenado con ellos y qué no. Ya que si llevan toda la semana trabajando el bloqueo directo, y en el partido te centras en temas que no se han trabajado aún, les creará una frustración que les sacará del partido.

¿Y EL ÁRBITRO?

Pero… ¿y si el error es cometido por el árbitro?

El primer paso sigue siendo relativizar los errores, evitando que les afecten lo mínimo posible emocionalmente, ya que el árbitro también es humano y va a cometer más de un error.

A parte, los jugadores tienen que trabajar el hecho de invertir tiempo y energía solamente en lo que depende de ellos: su trabajo sin balón, sus sistemas, sus tiros liberados… de ahí van a sacar su rendimiento. Si se desvían de esto, significa que han dejado de jugar.

Una forma muy interesante para trabajar la tolerancia a los errores del árbitro es hacer partidos donde los que descansen y los lesionados hagan de árbitros.

Esto hará que se metan en la piel de ellos y se den cuenta de lo difícil que es arbitrar durante un partido.

¿CÓMO TRABAJARLO?

Debemos empezar por enseñarles ejemplos de jugadores y equipos  que sean sus ídolos y que actúen de esta manera (ya sean profesionales o los del mismo club como podría ser el senior). 

Los jugadores quieren imitarles en todo y ser como ellos, y si ven que las reacciones de sus referentes ante los errores son acciones cómo recuperar en sprint después de una pérdida o levantar la mano después de un falta; aceptarán mejor esos conceptos que si se lo imponen los entrenadores.

Hábitos:

Y por último pero no menos importante, es trabajar los hábitos.

Debemos habituar diariamente a los jugadores mediante juegos, dinámicas, feedbacks… a que asimilen los conceptos expuestos anteriormente. De esta manera, ni los tendremos que advertir en los partidos ni tendremos que lamentar que el equipo se vaya mentalmente del partido.

Hecho por:
Àlex Gili
Psicólogo deportivo i entrenador en Club Joventut Les Corts

Graduado en psicología por la Universidad de Barcelona y máster en psicología del deporte y de la actividad física por la UAB; con menciones honoríficas en psicología clínica y en ética y deontología, así como menciones con excelencia en iniciación deportiva e intervención en psicología del deporte, entre otros.

Experiencia con deportistas en competiciones europeas, de selecciones nacionales y semiprofesionales, así como con otros entrenadores y familias en el deporte amateur.

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